todos los años, en diciembre, cuelgo en la bitácora mi hit parade personal (aquí están los de 2003, 2004 y 2005)
este año, porque no sé qué pasa conmigo, qué imperialismo me coloniza las vísceras, no lo hice
estaba en ello, en el enredo de la memoria, apreciando:
los sardónicos disparates de Bob Dylan en "Modern times": cantando para sí mismo y unos cuantos que le consentimos no morirse
la aburrida desproporción de Tom Waits y "Orphans": una espina de mero para escapar de la cárcel y magrear a Sheena, una crónica desde Gaza, un tango borracho, un hombre-trombón, pero gran parte de las baladas sobran y un disco triple a casi 50 euros es una maldito capricho para niños pijos
el diapasón de Bert Jansch en el bellísimo "The black swan"
el oscurísimo fluir de pezuñas de "The drift", el apocalipsis según Scott Walker...
en fin, el timbre armónico y rebelde de Toteking en "Un tipo cualquiera", el mejor disco español desde Pau Riba: afilado, poseído, editorializante... un monstruo con mucho que decir, un raper que deja en solfa a todos los rockeros nacionales en potencia, honestidad y alma... y, por supuesto, “Botines”, la letra más social jamás cantada en castellano.
estaba en ello, demasiado viejo para creer en el romanticismo sin acentos de Malasaña, demasiado joven para dejarme convencer por las chaquetas de pana y su seudo turbulencia
me he cansado de eso que llaman americana chusma de falsificadores comisarios de ferias periodistas agentes de seguros y meretrices la crisis de identidad de Paul Auster indigestado de sí mismo merecedor de ser condenado al patíbulo literario grupos españoles que cantan en inglés palestinos de fin de semana militantes del ateísmo que engrosan las cuentas de resultados de your fragance your rules sistemas de códigos de reconocimiento mutuo del yo social y su legitimación espíritu provinciano de la época cultura de la cervecita y la mafia homosexual nos vemos mañana el rock and roll y su sacerdocio
porque soy viejo puedo invertir el tiempo, darle la vuelta, involucrarme en la muerte de los demás, tomar antidepresivos, percibir mis carencias, profesar el cambio como las buenas maneras de acentuar y colocar los signos de puntuación, una mera cuestión de educación, diestro en mi corporeidad, gestáltico, olfateador (por viejo, sí, porque me da la gana)
sólo creo en el amor
estaba en ello, digo, intentando filtrar el café
y me desbarataron la cafetera
ningún disco del año pasado, ni uno, puede compararse a mi disco de 2006, el único que me hace falta en este tiempo de naderías, vaqueros de imitación, miserables seudo artistas pagados de sí mismos y adolescentes bien crecidos
"Hip-hop is dead", del señor Nasir bin Olu Dara Jones, Nas, que nunca había cantado tan bien y con tanta fe
mi nuevo siquiatra es un tipo más joven que yo, con una de esas barbas entre descuidadas y mira qué bien me crece y cómo lo llevo
se apellida (¡línea!) Barbudo y la consulta, ya lo conté aquí, está en la calle (¡bingo!) de la Cabeza
me cayó bien en la primera consulta: bajó a buscarme al patio de la unidad de salud mental, donde a los alelados nos dejan fumar; me dio la mano; subió las escaleras detrás de mí y se permitió emplear tres cuartos de hora de sanidad pública en charlar
al abrir la carpetilla verde para revisar mi historial, dijo: “hay poco escrito aquí”
e hizo algo curioso: una especie de arbol genealógico y sentimental sobre mí
líneas quebradas y contínuas, algunos círculos y cuadrados, palabras entrecomilladas...
-¿qué es eso?, pregunté
-es que soy postmoderno y necesito pintar para acordarme... dime una palabra que defina a tu padre
-una sola, es difícil
-tú eres el profesional de las palabras, busca una para tu padre
-las palabras me han dejado, se han marchado
-ahora el postmoderno eres tú...
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la opinión del director del diario sobre lo que me sucede:
-la obsolescencia de los materiales
contesté:
-sí, la aluminosis del alma
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Gamoneda y el blues castellano llegan a la actualidad por mor del Cervantes
es la primera vez en muchos años que no premian los discursos de consuelo de la prosa
No llores, que aún tienes el viento y la distancia
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el concierto de Jeff Tweedy:
canciones de una pureza casi dolorosa
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escribir anotaciones, al menos eso: para que los dedos no se artofrien (aunque también tecleo mi número secreto en los cajeros automáticos)
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desde ayer, de nuevo de baja laboral
“crisis de ansiedad”, apuntilla el formulario
debe ser cierta la diagnosis: aunque ‘crisis’ sea una palabra de la que descreo (todo lo es, o todo lo está, inevitablemente), acompañada de la otra, ‘ansiedad’, tiene un sentido que conozco con una pureza casi dolorosa
repetirse, como Gamoneda, que nunca ha dejado de escribir sobre la mierda y el hielo
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leo Tokyo blues, como llaman aquí a la novela de Haruki Murakami "Norwegian wood"
el Salinger otaku se me había caído de las manos hace unos meses, pero ahora lo soporto pese a las insufribles disquisiciones sexuales, vitales, de indumentaria y alimenticias de esos teens japoneses que se creen Spinoza
suicidas, vacíos, tan pop, tan Beatles
pero imperialmente serios como un videojuego
teenagers que nunca dirían mierda
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las fotos, para salir de la mierda y el hielo durante el 1/250 de segundo de un disparo tan corto
utiliza todo esto, el temblor, la picadura de abeja en el hombro, las nauseas matinales
saca partido del libro de Leonard Cohen que devolviste al día siguiente de comprarlo (porque allí sólo quedaba un pobre viejo patético y estafado) para cambiarlo por el de Raymond Carver, que, al menos, está muerto, no perjudica a nadie y tampoco sale en la prensa gratuita
sírvete de la añoranza que sientes por tus hijos, atiza con ella, embárcate, lúcela
medra en la mirada, sorprendido de los gestos cercanos –esa intimidad de otro continente– que retratas en la calle
y deja que alguien escriba: “tus fotos tratan (no te enfades) sobre la muerte”
apenas escribo: lo hago en el diario, pero nunca pensé que esa labor sucia fuese digna del verbo
conversaciones de boca de humo a boca de humo
decía mi Celan, lengua y diente
la escritura debe ser un delirio (no sin dolor, pero con fuerza), un mañana humano, una coincidencia tras otra yo cavo, tú cavas
un proyecto de existencia según el cual puedes vivir, más o menos, agasajar lo viviente y lo por vivir
apenas escribo, aunque tiempo sobra: el insominio ha regresado con su salada corriente de peces: el sueño no llega hasta las 4, las 5 o las 6 de estas madrugadas ya de invernía
girando, cavando hacia lo oscuro, lo abierto, mirando la estirpe de los demás desde mi silencio, sabiendo que nada está perdido, que tus labios se humedecen, redentores, íntimos, amados y terribles
y, en fin, el racismo contra todas las personas, animales y cosas que pueblan los Estados Unidos
una xenofobia de ámbito geográfico que se resume en la frase “no parece yanqui”, un recurso para emitir una condena a los malos y un salvoconducto a quien conviene
para no enviarle al crematorio que administra la podrida Europa y su podrido etnocentrismo
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por ejemplo, la única música viva que hereda el dolor del blues, la agitación del rock and roll primero y la sensualidad del soul es el rap
“cosa de yanquis”, se dispara sobre el género al completo, sin esperar a la comprobación, sin interés por nada más que las emisiones de la MTV o la VH1, sin tener la decencia de escuchar, de reconocer, de dar nombre a cada canción
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¿hay algo más absurdo que las obras completas en el rock?
el verdadero juicio debería plantearse canción a canción
siempre ganaría Phil Spector
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no gusta la extravagancia sino la locura: vivos colores, grandes palabras, gestos...
la extravagancia susurra, elegante y sola, aniñada, arrimada a los calmantes: da miedo
Bovaristas como somos, llenos de autocampasión, nos sentimos escépticos e incrédulos ante todo cuanto pasa a nuestro lado con indumentaria provinciana de diario
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así, digamos, Tom Waits –de quien se espera un disco triple para estos días-, es el inteligente loco al que adoramos: culto, con buenos amigos y bonita ropa, aire canalla y letras respetables según los cánones de las facultades de filología
firmado, sellado, enviado, es nuestro, “parece europeo”
es decir, “no parece yanqui”
pese a que adora el rap (cuya técnica vocal utiliza desde Real gone: llegó tarde al oficio, pero, al menos, se abrió de orejas)
y su maestro, Harry Partch (1901-1974), del que bebe desde hace un cuarto de siglo, sigue siendo el provinciano extravagante del que reirse un poco
una moneda para el fundador de la música de huesos, el extravagante; un Nobel para Waits, el loco domado
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en la última novela de Cormac McCarthy, The road (aún no traducida al castellano), uno de los personajes afirma:
There is no God and we are his prophets
cuando escribe, McCarthy se hospeda en moteles
sólo lleva consigo su Olivetti
esa sencillez de la que brota una luz profética teñida de sangre es lo único que busco
en el prólogo a la primera edición castellana (1947) de la insólita novela Ferdyduke, publicada por primera vez en Polonia diez años antes, Witold Gombrowicz (1904-1969), resume en dos los problemas de su protagonista: la inmadurez y la forma
Es un hecho que los hombres están obligados a ocultar su inmadurez, pues a la exteriorización sólo se presta lo que ya está maduro en nosotros. Ferdydurke plantea esta pregunta: ¿no veis que vuestra madurez exterior es una ficción y que todo lo que podéis expresar no corresponde a vuestra realidad íntima? Mientras fingís ser maduros vivís, en realidad, en un mundo bien distinto. Si no lográis juntar de algún modo más estrecho esos dos mundos, la cultura será siempre para vosotros un instrumento de engaño
los mitos del rock, una forma culturalmente no lograda, son mitos inmaduros: el camionero (Presley), el granjero (Hank Williams), el mentiroso (Dylan)
amenazantes, absurdos, anárquicos
no les importaba el baile: simplemente, bailaban
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ahora priman los grupos artificialmente inmaduros, grotescos en su niñería treintañera, irresponsables, sub-cultos (The Strokes, Kaiser Chiefs, Artic Monkeys y un largo etcétera de animadores del Halloween-todos-los-días)
o bien los cargantes artistas de lo artístico: intelectualistas de birra y estrellas (Bruce Springsteen), mórbidos nuevos rojos (Muse), payasetes con derecho a titular (U2, Coldplay), tan educados que apestan
arcilla febril en las manos de un niño, como en esta foto extraordinaria de Cameron Jones: una bendición nacida de la inagotable fe en las múltiples formas del futuro, en los sueños ganados
así era el rock de los años puritanos, acaso por ello él mismo puro, ignorante, un canto total y nada confortable
un canto que hacía sonreir a la muerte, como en las canciones de la Carter Family
un canto de baratijas momentáneas, porque, hermana, nadie leía a Schopenhauer, a Walser, a ninguno de esos feriantes europeos
manchar de arcilla tus labios tras robarte un beso, eso era lo necesario
o, ya que quizá no dispongan de la sensibilidad adecuada para sentir, ¿la perciben?
tienen suficiente competencia (económica) para descubrir Japón y talento (de sastrería) para moverse por el downtown de Nueva York
pero no tienen dignidad para reconocer a sus padres
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esto no es una narración, esto es la realidad tal como sucede en este momento, Radio Verdad
así era el rock en otros tiempos, puro hasta la obscenidad, expuesto como la cuchara de plata de un viejo yonqui
el mundo era de cera y el rock la moldeaba
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por ejemplo, el exhibicionismo sacerdotal de los prima donna de este tiempo, la relación sexual que mantienen con los medios de propaganda (el foto call, la rueda de prensa, las entrevistas cronometradas...)
en febrero de 1923, para contestar a los universitarios burgueses y protofascistas de Lisboa que pretendían moralizar a la sociedad, Fernando Pessoa difundió un manifiesto:
Ser joven es no ser viejo. Ser viejo es tener opiniones. Ser joven es no tener que dar opiniones (...) Escuchad niños: estudiad, divertíos y callaos la boca (...) Porque sólo hay dos maneras de tener razón. Una es callarse, y es la que corresponde a los jóvenes. La otra es contradecirse, pero hay que tener más edad para practicarla
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el rock de ahora –si es que tal cosa pervive–, convive con el dogma: pienso esto, creo aquello, conviene que hagas tal movimiento, sufro mucho...
hedonismo pancista
un tipo como Presley –cuyas letras son accesorias: aire y fonemas– es inconcebible en estos tiempos
lo lapidarían por ser tan católico, tan Niño Jesús
duerme, niña, duerme, no dejes que la sierra te despierte envuelve en tus sábanas de bucanera las espinas de cristal
destellos y crepúsculos para ti, delirante ventanas de lágrimas para ti, gota de sangre
rock and roll all night long para ti ebria y blanca
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en la tradición de la música folklórica, a la cual el rock se encadena de manera inevitable, la imagen del río es una de las más poderosas
se trata de un refugio de ópalo, un mustio crepúsculo para el amor empobrecido, donde, como sucede en Down in the banks of the Ohio o Story of the Knoxville girl, las jóvenes preñadas son asesinadas por sus amantes y arrojadas a las aguas
la esencia del rock es un crimen
Neil Young la respetó en Down by the river y Bruce Springsteen la profanó en The river, donde el incorrecto crimen se transforma en un moral doble suicidio (quizá en un crimen y un posterior suicidio)
no busques a nadie, opta por la primera persona que encuentres, opta por la primera idea que tengas
el rock trata casi siempre sobre trasladar grandes cajas negras de un lugar a otro de la ciudad en la parte trasera de tu coche, tu propio coche, O SEA QUE no hace falta nadie para conducirlo porque puedes hacerlo TÚ MISMO
a veces llevas el cadáver de uno de tus hijos en una de esas cajas y no recuerdas quién lo ha metido ahí, tan bien doblado que parece esperar que lo despiertes con tierra o que llame por teléfono uno de sus limpios amiguitos
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las únicas canciones que valen de algo son aquellas por las que transitan personajes, personajes que saludan al perro, piensan en profetas, viven en un mundo sin electricidad, aseguran que el asesinato es una forma de protesta social, dejan de escuchar para siempre los discos de Neil Young , entran en un bar y hablan con la camarera, compran una camiseta con la inscripción: “I like The Kinks, life stinks”...
el rock es mala poesía pero, gracias a dios, la vierten sobre primitivos ritmos folklóricos, es decir, la redimen
y al final regresas a tu cuarto: para matarte o para quedarte dormido
este maldito catarro siderometalúrgico y este solitario espacio sin nadie, sin derecho a redención, tan distinto al otro, donde las fotos son tu mirada puesta en los ojos ajenos
al menos, me digo, nunca pertenecimos a la mafia de los blogs ( por ejemplo, éste y éste y éste), ese sindicato de tramitación de contenidos-soy-chachi y oscurísimas intenciones vertical sindicalistas manejado por cíbor yuppies que nunca hablan de sí
se está bien en la afasia de la mucosidad y la tos
algunos esperan que les indiquen cómo seguir siendo esclavos
otros esperan que la chaqueta nueva sea la atracción de la fiesta
los ateos esperan que creador y creación sean la misma persona
algunos lloran en habitaciones oscuras sofocados por no estar en Nueva York
y cuando van a Nueva York no salen de Madrid
siempre hay alguien para compartir una mala broma siempre hay alguien que no comprende ni las buenas
existen discos grabados en una cabaña con paredes empapeladas con obituarios
otros son concebidos en un zoológico y valen menos que la cagada de un mono
conozco a tipos que sólo hablan de sí mismos (bien) y del PP (mal)
conozco a otros que dicen “la política me asquea” y beben el último sorbo antes de pagar
¿quién es el hermano de tu cuñada? ¿por qué no me informas de lo que haces?
algunos viven locos de amor sin moverse, claveteados
es difícil saber qué lleva Dios en el bolsillo de atrás
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(mal) escrito escuchando "Chainsaw of Life" el disco de arañazos y temores de Hellwood, es decir, Johnny Dowd, Jim White y Willie B, mi disco del año antes de que acabe el año
el bosque donde Laura Palmer, atada a una silla y con los ojos vendados, se entrega a la religión de Bob, el parásito sonriente de quien solamente pueden tener una visión los benditos o los condenados
Bob is Bob Eager for fun He wears a smile Everybody run
soñé anoche con Bob y Laura –envuelta en plástico, sosteniendo en las manos el semen de Bob–
estoy muy acatarrado, toso como un cliente del Ejército de Salvación, uno de esos bellísimos nadie que fotografía el gran Stoneth
ayer permanecí dos horas en el sofá, con ganas de orinar pero incapaz de moverme, mareado como nunca antes, sin aire
el primero dedica muchas páginas a la unión indivisible de Laura y a Bob: de ahí, supongo, mi sueño, en el que aparecía también un hombre de actitud sospechosa, con barba y zapatillas Converse: quería robarme algo, quitarme algo no necesariamente material
y una joven que lavaba ropa blanca y la extendía al sol
ningún sueño es seguro, tampoco los bosques lo son
pero vamos hacia ellos y, gracias a dios, nos separamos del mundo
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antes de caer dormida dijiste:
-cumplimos seis años juntos un día de estos, me gusta que no celebremos los aniversarios
nació (8 de mayo de 1937: tiene, por tanto, la edad limítrofe de 69 años) en Glen Cove, una pequeña ciudad (27.000 habitantes, casi todos blancos) anclada en la costa norte de Long Island, en el estado de Nueva York
le gustaban las películas de Shirley Temple, jugó al rugby, tocó el trombón e hizo el servicio militar
poco más sabemos: no es posible encontrar certezas, sólo se conocen dos fotos y se consideran suposiciones las incontables leyendas: la camiseta de los 13th Floor Elevators que tanto le gusta; la residencia ininterrumpida en la ciudad de los anónimos, Nueva York...
ahora anuncian una novela (más de 700 páginas, en diciembre) cuyo ambiente ha adelantado él mismo
los mismos confines abiertos: Colorado, Nueva York, Venecia, Viena, los Balcanes, Asia Central, México, París, el Hollywood del cine mudo y “uno o dos lugares que no aparecen en los mapas”
el tiempo previo a un desastre por todos intuido: desde 1983 hasta los albores de la I Guerra Mundial
charlatanes, drogadictos, inocentes, decadentes, magos, espías, aventureras, ladrones, matemáticos y armas
tres cameos: Nikola Tesla, Bela Lugosi, and Groucho Marx
If it is not the world, it is what the world might be with a minor adjustment or two
parece que ha escrito Pynchon en uno de los foros de Internet a los que gusta asomarse
el mejor novelista de la última mitad del siglo XX (junto, quizá, con Philip Roth, Saul Bellow y Vladimir Nabokov) está de vuelta
he estado leyendo detalles sobre la muerte de Hank Williams: debaten, con la fruición de los extremistas, sobre la última hamburguesa, la última copa, la última gasolinera, el último condado...
mencionan la impericia e inhumanidad del conductor, un universitario de 17 años sin más deseo que recibir los 400 dólares convenidos por conducir el Cadillac azul pálido del cantante hasta la siguiente actuación
concluyen que en el fondo del alma americana hay una oscuridad en suspenso, esperando con fiebre de loba
la misma tesis expone el gran Greil Marcus en The shape of things to come. Prophecy and the American voice, el libro que llegó ayer por correo: America is a place and a story, made of exuberance and suspicion, crime and liberation, lynch mobs and escapes; its greatest testaments are made of portents and warnings, Biblical allusions that lose all their certainties in American air
pensé, nada más leerte ese párrafo anoche, en cama, que sería un buen trabajo sondear la oscuridad española, buscar los hilos que la sostienen, las creencias aún vivas, su base, sus héroes, su sangre derramada, sus certezas bíblicas, perdidas en el viento, en el adobe, en los gritos de nuestro conversar
pero aquí adentro, en mí, no hay ningún teorema: la tarde del lunes se explica sola, extensa, dama elegante en un entierro, y el silencio, mi Cadillac azul pálido, no invita a cosa distinta que redactar una lista de dolencias
por ejemplo, que ya no puedo oir cómo ladra el perro de Robert Jonhson
les fotografían sobre un ciclorama azul de saturación variable
a veces parece el cielo abierto de Texas, pero otras veces podrías pensar que se trata del inmenso Pacífico
y que ellos están posando, vestidos de blanco, para un fotógrafo callejero
sabiendo que el objetivo, un Nikon de 1.8 lux ensamblado por afanosas mujeres japonesas, no les robará el espíritu ahora, mientras posan con la mirada firme de quien espera un flash
porque la suerte está echada y chico hemos jugado mal y ahora debemos entregarnos a Cristo o a los abogados del turno de oficio esos muchachos blancos que hablan con la lengua de la dominación aunque sean buena gente y quieran prolongar los procesos buscando escoria policial pruebas amañadas presentando apelaciones recursos y súplicas y agitando a los ricos para que escriban cartas que les entrega ya impresas el grupo local de Amnistía Internacional una especie de organización de comunistas que hace campaña contra la pena de muerte desde Viena Berlín y todas esas ciudades francesas con nombres tan jodidamente divertidos donde aborrecen los McDonald’s y frien las chuletas de cerdo en mantequilla derretida y nosotros negros lerdos del polvo de cemento les caemos bien a pesar de sus guetos y su mierda de viejo mundo contra África velarán por nosotros abuelitas y programadores informáticos que se van de vacaciones en agosto navidad y el puente de la Constitución
sabes que saben
sabes que lo saben en esas fotos como de acuarela televisiva
saben que les van a inyectar un día de estos tres compuestos químicos:
pancoronium, un relajante muscular que fabrica y vende Organon International bajo la marca comercial de Pavulon
y cloruro de potasio, un compuesto vitreo y blanco que detiene los latidos cardíacos y, entre otros usos, es muy adecuado para fertilizar las tomateras
algunas de las fotos, en blanco y negro, tienen un aire más vintage
Suzanne Margaret Basso, por ejemplo, fotografiada de frente y de perfil, aparenta el cansancio de una bestia de carga
su vida está esperando una canción de eso que llaman deep americana
una santa mórbida, una diosa malvada, coreógrafa de la ceremonia con la que una tropa de imbéciles martirizó durante meses a un pobre diablo, un tullido anímico, hasta matarle en una casa donde todo era de color verde